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Andar conforme al Espíritu:
La nueva Obediencia

El pueblo de Dios vive en dos realidades diferentes: la realidad del mundo y del pecado que está bajo la ira de Dios y la realidad espiritual de la salvación en la cual experimenta la gracia y la misericordia de Dios. Por un lado, el mundo es nuestro ámbito natural, por otro lado los cristianos somos extranjeros en el mundo, porque somos ciudadanos del Reino de Dios. Y como ciudadanos del Reino debemos vivir en el mundo, en el entorno del pecado, según las normas del Reino. Las dos realidades corresponden con la doble identidad del cristiano, la del viejo y la de nuevo hombre. 

Una obediencia nueva a la ley.

El mundo y el diablo despiertan y estimulan el pensamiento y el deseo carnal y pecaminoso del viejo hombre. A la vez el Espíritu Santo nos enseña a seguir a Cristo. Pone en nosotros una voluntad purificada para vivir y practicar una obediencia nueva a la ley de Dios. Antes usaba la misma ley para enseñarnos nuestra maldad y para convencernos del pecado. Ahora, consolándonos con el perdón del pecado por Cristo, el Espíritu Santo nos enseña un significado nuevo de la ley: el cumplimiento de ella en la fe en el Señor Jesús, según su ejemplo. 

Antes la ley nos condenaba por no haberla cumplido, ahora el Espíritu Santo nos enseña cómo cumplirla. Que no debemos estar satisfechos con el cumplimiento externo de la ley, sino que hemos de cumplirla con nuestro corazón, es decir con todos nuestros motivos y emociones. También que no solo hemos de rechazar todo lo que es y todo lo que pueda convertirse en pecado, sino que debemos cumplir sus propósitos verdaderos, que es honrar y glorificar a nuestro Dios por medio de una obediencia activa que a la vez hace bien al prójimo. Jesús ha resumido este propósito positivo de la ley en un mandamiento doble: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo". (Lucas 10.27). 

Lucha entre el hombre viejo y el hombre nuevo

Las dos identidades del cristiano, el hombre viejo con sus deseos carnales, impuros y mentirosos y el hombre nuevo que desea vivir según la voluntad de Dios se encuentran en una lucha espiritual continua y sin tregua. A veces esta lucha nos cansa y nos desanima. Podemos sentirnos débiles cuando deseamos cumplir la ley pero sin tener la capacidad. A la vez, es cierto que cuánto más santo uno desea ser, más pecado observa en su vida. "¡Quién me librará de este cuerpo de muerte! exclama el apóstol Pablo por estas sensaciones incómodas (Ro. 7.24).

La santidad es de Cristo

Hemos de comprender que por todo esto el Espíritu Santo nos enseña que no hemos de buscar nuestra propia santidad y perfección, una santidad conseguida por nosotros mismos, sino la santidad que nos regala el Señor. Es un proceso en que aprendemos a desconfiar cada vez más de nosotros mismos y confiar cada vez más en Cristo. Nosotros no podemos con el pecado y sus tentaciones, pero está bajo su control y así privado de poder. Aprendemos que no sólo la justicia sino también la santidad es un regalo de Dios. Aprendemos que la única garantía de nuestra salvación es la gracia del Señor. Él nos va preparando mediante la enseñanza de la ley y mediante la obra del Espíritu Santo hasta comprender que Cristo es nuestra sabiduría, justificación, santificación y redención” (1 Cor. 1:30). 

Resumen

Somos justos por Cristo y somos santos cuando estamos en él. Fuera de Cristo no existe justicia ni santidad para nosotros. Cristo quitó el pecado, pagó la culpa y obedeció la ley por nosotros. No hay condenación para los que están en Cristo Jesús (Ro. 8:1).

Cristo nos hace justos y santos por sus méritos.

Cristo pide que imitemos su ejemplo, andando en el Espíritu Santo.

El Espíritu Santo nos enseña una obediencia nueva a la ley de Dios.

Lecturas recomendadas

Éx. 20.1-17; Dt. 6.5; 10.12; 1Sa. 15.22; Is. 1.17; Miq. 6.8; Mateo 5.17, 44; 2.37-40; 22.37-40; Mar. 12.30-33; Luc. 23.34; Juan 3.16; Rom. 3.28; 5.6-10; 6.1-13; 7; 8.1,4, 13; 1Cor.6.9; 10.31; Ef. 5.5; Ef.2.10; Col.3.3-9; 2.Tim.3.17; 1 Juan 3.14; I Pedro 13-14; 4.1. 

Reflexión personal

¿Cuáles son tus experiencias con la nueva obediencia?

 

Por Bernard Coster

Tomado de "En la Calle Recta" Año XLVI, nº 253, diciembre 2016