"Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía" Salmos 42:1

 
 

 



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Poner los ojos en Jesús

 

 

"Esteban, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo,
vio la gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios"

(Hechos 7:55)

 

 

No miro hacia atrás: Dios conoce mis esfuerzos inútiles, las horas perdidas, mis pecados y mis remordimientos; lo abandono todo a El que borra el recuerdo y que, lleno de gracia, perdona, y luego olvida (véase Miqueas 7:19; Isaías 38:17).

No miro hacia adelante: Dios ve todo el futuro, conoce el camino, corto o largo, que me llevará a su casa; Él estará conmigo en cada prueba y llevará la carga demasiada pesada para mí (Mateo 11:28, 30).

No miro a mi alrededor: porque me lleno de temores; la vida es agitada como el tumulto del mar y ¡el mundo es tan sombrío! Reina el mal, las guerras abundan, y son muy vanas sus promesas de comodidad y bienestar.

No miro dentro de mí: me hace estar desdichado, porque no tengo nada en mí en lo cual fundar mi confianza; veo nada más que errores e imperfecciones, y débiles esfuerzos que se reducen a polvo.

Sino miro arriba, hacia “el cielo’’, hacia Jesús; allí mi corazón puede descansar, y mis temores son apaciguados; allí se encuentra el verdadero gozo, el amor y la luz que disipa las tinieblas. La paz perfecta, allí se goza y toda esperanza se hace realidad.

 

 Tomado de la revista "Creced" marzo-abril 2018,
usado con permiso